Pequeña historia de amor.
Un día un
joven triste se paro en una esquina frente a un edificio con un coro muro en el
que este se sentó. Por juego quiso ver las reacciones que las mujeres tenían si
este les decía hola de la nada, tal vez más que por juego era un intento por
desaparecer su tristeza ante un despecho.
Varias mujeres
de todas las edades reaccionaron de diversas formas, las mayores seguían sin
devolver el saludo mientras solo volteaban de reojo a verle extrañadas, las más
jóvenes y niñas se sonrojaban y caminaban más aprisa o corrían mientras reían, otras ya contemporáneas con el joven o
solo seguían su camino sin siquiera mirar o extrañadas devolvían el saludo sin
detenerse.
Hasta que
una joven que iba un poco a prisa y con una cara seria seguramente pensando en cualquier
cantidad de cosas, al saludarla el joven esta voltea extrañada y al verlo ríe
mientras le devuelve el saludo amablemente, el chico se sorprendió al ver que
la joven se detuviera de su apresurado caminar para devolver el saludo, así que
sin pensar le pregunto que como estaba, esta vuelve a sonreír entre risas
diciendo que se encontraba bien mientras intentaba retomar su camino.
Nuevamente sin
siquiera replanteárselo el joven le pregunta si ella querría charlar con él,
ahora la joven se acerca y le dice “podría tomarme cinco minutos para poder
descubrir que es lo que intentas hacer” a lo que él responde con una sonrisa “encontrar
a la mujer de mi vida”.
La chica
abre los ojos con sorpresa y le mira unos instantes antes de volver a hablar,
pasados unos pocos segundos hace una mueca en su rostro para volverse una
sonrisa suave y dulce contestando “pero yo no puedo ser esa mujer” él le dice “¿ya
tienes pareja verdad?” y ella aun con su sonrisa niega con la cabeza y responde
“pero, tu ya amas a otra persona”.
Ahora era
el chico que le miraba con gran sorpresa en un continuo tartamudeo que
finalmente significaba “¿Por qué lo
dices?” ella sin mucha espera responde “por tus ojos que aunque me estés viendo
a mí a quien realmente miras es a otra persona, a ese alguien que está en tu corazón”.
El joven baja levemente su cabeza y en un tono suave y triste responde “pero
eso realmente no sirve de nada” ella le alza la cabeza con ternura y sonriendo
dulcemente dice “no importa”.
Quizás fue allí
donde poco a poco la imagen que el corazón y los ojos que el joven veía
empezaba a desvanecerse y vaciarse de aquella tristeza para llenarse de incertidumbre
y felicidad incomprensible, aunque quizás fue en el mismo minuto que aquella
chica le contesto el saludo con amabilidad, donde él como contestación a la
joven solo sonríe, una sonrisa enorme que mostraba todo tipo de emociones.
Al verle
esa sonrisa también ella agranda la suya mientras le dice “¿quisieras acompañarme
a aquel edificio que se ve después de esa cuadra señor desconocido?”. Él se ríe
mientras asiste con su cabeza, y desde lo más profundo le dice él a ella “tienes
una hermosa sonrisa” mientras era él quien sonreía más fuertemente como un
niño.
Ella se sonroja
y entre risas penosas le dice “es quizás la primera vez que me dicen eso” y mientras
él se levanta por fin del muro para ponerse a andar y mirándola directamente a
los ojos le dice “entonces la gente esta ciega”, en ese momento empiezan a
andar, ella mira hacia el edificio y se vuelve a hacia el “pero no todos lo
son, ¿verdad?” mirándole y sonriéndole de forma picarona.